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viernes, 9 de enero de 2015

De repente el sol


No importa la niebla que haya cubierto tus otoños,
ni el barro que te aceche enclavado en viejas historias...

No importa las mochilas cargadas con problemas,
con estiércol, ni carroña...

No importa los frenos adheridos a nuestros intentos,
ni las ramas de eucaliptus que intentan tirarnos
por enésima vez de la bicicleta.

No importa los malos rollos, 
ni las cohortes de fantasmas,
ni los pretéritos imperfectos...

No importa que nos encontremos
varados al final de una vía muerta...

Porque de repente el sol...
y, ¡hala!, ¡a vivir de nuevo!


Neftalí.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Gracias

Por las pequeñas cosas y por las grandes,
por estar enredado y por estar suelto,
por yacer despierto y por andar dormitando,
por poder guardar silencio y por poder romperlo cantando
por las caricias de gnomo y los abrazos de gigantes...
por tener tiempo...

Por la música y por la lectura,
por las letras y las pantallas,
por las lenguas fuera, los guiños y las miradas,
por la libertad y por la cerraduras
que habrán de quebrarse,
por el sabor de los besos...

Por el nido y por las alas
por el arrojo y las ganas de volar
por la curiosidad y los aguaceros
por los viajes, los libros y los cruceros
por dejar ayudarme y por dejarme, a mí, ayudar
por la caricia del viento...

Por los amigos que siempre flotan a mi lado,
por las madrugadas sin dormir, por las comidas raras,
por los cuerpos que se dejan habitar, por el tango,
por los pantanos que duermen por la mañana
por las sonrisas dadas sin pedir a cambio nada
por los sueños...

Por los amores que han sido y aquellos que serán,
por las golondrinas, los delfines, los jardineros,
por el vino, el fuego, el azúcar, las tizas, el pan,
por las ropas sin ropas y la oscuridad,
por saber reconocer cuando empieza una buena racha
Por estar vivo y viviendo...

A quien se las tenga que dar:
 GRACIAS

jueves, 17 de abril de 2014

Macondo Forever...

Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra.
Gabriel García Márquez 

Porque el legado de algunas personas está condenado a existir para siempre. Gracias Gabo.

Neftalí.