Cuando quieras ver verás... ¡todo lo que imaginaste! Cuanto quieras ver verás... ¡todo aquello que soñaste!
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lunes, 27 de octubre de 2014
Antes que tú, antes de mí...
Y me sorprendo a mi mismo regresando hasta el final, donde el mundo estaba aún sin descubrir, donde ni tus besos eran tus besos, ni mi saliva podía imaginarse rumor de olas rompiéndose en espumas y corales contra tu boca.
¡Ni siquiera el tango se había inventado!
¡Ni siquiera los poemas en tinta sobre tu espalda, ni las toallas rosas, ni el sexo contra espejos abrillantados!
Apenas teníamos cosas sencillas, tan primitivas que no tenían más remedio que existir: tu cuerpo desnudo, como un menudo regalo interpretando al piano, milagro y sacrificio, notas que iban vistiendo de eternidad y deseo, la habitación.
Y ahí, de pie, mirando frente a frente el instante prendido del recuerdo, tomo un poco aire, deshago las maletas del olvido y me dejo suspirar...
Y me descubro a mí mismo regresando en volandas al tiempo que pudo ser, a ese que tal vez nunca tuvo lugar... Y al acercarme al borde del precipicio para evocarte, el ritmo de la música, tembloroso, se desliza inseguro hasta desvanecerse sin dejar rastro.
Mientras tanto el sol, como un guiño, sonriéndome al costado, se deja atrapar por el mar...
¿Acaso no es todo esto una lección o una señal?
¿Acaso no fui yo un sol que se quedó dormido en tu seno y en tus senos, hasta desaparecer?
Y me imagino a mí mismo regresando al principio, donde todo acaba...
Y sé que, pese a todo, la música nunca se apaga y la mañana vuelve a brotar como hebras de luz detrás de el horizonte oceánico, y sé que con o sintigo, como el astro rey habré de volver a aparecer, al alba, con mi red roja de miradas mágicas, mis canciones, mis poemas, mis conjuros, mi innegociable sonrisa y mis ganas de iluminar...
Julen
martes, 12 de agosto de 2014
99 formas de sobrevivir.
Y un buen día, como hoy, como ayer, como cualquiera, la idea se hizo forma...
Y otro día, como antes de ayer, como pasado mañana la forma se hizo libro y habitó una librería:
http://www.amazon.es/99-Cartas-embotelladas-listas-naufragar-ebook/dp/B00M7MI0PQ
http://www.amazon.com/99-embotelladas-naufragar-Spanish-Edition-ebook/dp/B00M7MI0PQ
http://www.amazon.com.mx/99-Cartas-embotelladas-listas-naufragar-ebook/dp/B00M7MI0PQ
Neftalí.
Y otro día, como antes de ayer, como pasado mañana la forma se hizo libro y habitó una librería:
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Neftalí.
lunes, 7 de octubre de 2013
7 años en el tibet.
"nada merece tanto ser cambiado como los hábitos de los demás"
Mark Twain
Dice un gran amigo, que los consejos son un reflejo de la persona que los da, acaso como si sólo sirvieran para aquel que está aconsejando. Tal vez tenga toda la razón Mark Twain. Tal vez nos gusta meternos donde no nos llaman, remover lo que no nos incumbe y quemarnos con el fuego que nunca debimos avivar.
Tal vez, no es necesario que nadie juegue a ser justiciero desenmascarado, porque siempre el universo, o Dios, o cómo queramos llamarlo, se encargará de poner las cosas en su sitio. Y si una vez cada modelo en su matriz resulta que los trenes que pensabas que guiaban tu futuro no son como tú esperabas, o simplemente no van, o tal vez no vienen de donde pensabas, pues amigo, no pasa nada. La ruleta de la vida siempre esconde otra tirada (el truco es no desfallecer antes de encontrarla).
Otras veces maldecirás tu suerte viendo que los trenes que venían directo a tu estación fueron desviados in extremis por guardagujas malvados que los llevaron a estaciones cerradas donde gangrenaron el ciclo vital de esos pobrecitos trenes. Te quedarás diciendo: cómo pueden tener esos guardagujas tan pocos escrúpulos y como pueden los conductores de los trenes, caer engañados, una vez tras otra por las falsas señales de estos tipejos.
Y de nuevo te entran ganas de tomar un megáfono e informar de lo que está sucediendo. Y de nuevo nuestros avisos serán en vano. Y pese a eso, el universo es mucho más justo y más severo de lo que somos los humanos. Si puede condenar a familias a cien años de soledad, también puede desterrar a los pecadores a siete años de destierro en una suerte de Tibet personal.
Un destierro largo y cruel para pagar el daño causado:
En el primer año, la norma será rencor y odio. Te mirarán a la cara y te reprocharán con la mirada aquello que rompiste.
El año siguiente estará regido por la desconfianza. Cada intento de reconstruir será sistemáticamente barrido por el recuerdo del pecado.
El tercer año vendrá el exilio. Un exilio que debió comenzar con el pecado y que en un intento fútil de engañar a los dioses, se prolongó hasta ahora.
En el cuarto año comenzará el derrumbe moral. Te obligarán a negar tus principios, a seguir unas reglas que no son las tuyas. Empezarás a fracturarte.
En el quinto año te venderás por menos de nada. Aceptarás valores que van en contra de tus principios. Asumirás papeles que denigran tu concepción del mundo y del ser humano.
En el sexto año serás vendido a traficantes de almas. Tus decisiones ya no serán tuyas y ya no distinguirás el bien del mal, la mentira de la verdad. Serás un juguete roto en manos de niños crueles.
En el séptimo año, serás consciente de todo lo que has pasado. Tal vez alguien te espere en la puerta para ayudarte a volver a ser, y tal vez estés tan destrozado que ya no sepas distinguir a quien viene a salvarte de aquellos que te humillaron. Es probable que sientas un síndrome de Estocolmo tan aguerrido que prefieras seguir manteniendo el cordón umbilical con los secuestradores en lugar de agarrar la mano que te está ofreciendo la salvación. Y el mantener ese cordón umbilical puede que te acabe arrastrando de nuevo hacia la noche más oscura.
Pero todo acaba. Y ninguna condena es eterna. Y algún día, como hoy, como ayer, como el sábado pasado, con cualquier razón y sin ningún pretexto te darás cuenta de que el cordón umbilical, ese último lazo que te unía a tu condena ha perdido su poder. Lo ignoraste y ahora está seco. Y ya no tendrás ganas de hablar con los que ejercieron tu secuestro. Y desaparecerán. Y entonces abrirás los ojos, recogerás tu cuatro pertenencias, las meterás en tu hatillo, y volverás a occidente, donde esta vez sí, estarás preparado para empezar de cero.
Quien a hierro mata, a hierro muere, y todos los que alguna vez utilizaron la mentira o el cinismo para sacar tajada, tienen una condena de siete años esperando para grabarse a fuego en sus huesos.
Y pese a ello, siempre hay una segunda oportunidad para quien quiera aferrarse a la luz y dejar atrás la decadencia.
Torra
martes, 24 de septiembre de 2013
Soñando tus sueños a través de mis ojos
Hubo cartas, muchas cartas, sino fuera porque el amor nunca es suficiente, algunos insensatos hubieran pensado que hasta demasiadas.
Julen, rebautizado Santiago, escribió a Talika, con su nuevo nombre Lara, tantas misivas que fue, ciertamente, imposible embotellarlas todas. Ni siquiera el bueno de Pablo logró rescatarlas a tiempo del olvido antes de partir.
Curiosamente, en estos días de un verano que se perfila tan largo como corto, merodeando a la Mar y sus entrañas, muchas notas despistadas de aquella historia acudían ruidosas a mis pies, como diciendo: Horacio, Horacio acaba lo que Pablo no pudo terminar de escribir.
Yo no quiero entrometerme. Aquel cuento fue el que fue. Si hasta le presté mi nombre a cierto personaje. Luego, mi mente blanda y mi corazón de niño, miran de nuevo al mar que con un guiño me espera paciente. Me agacho hasta sus lindes, toco la arena que huele a lluvia y en gesto que me recuerda a un beso, dejo que el océano me entregue esa botella que no supo, antes que ahora, aparecer.
La cojo en mis manos. La destapo, y empiezo a leer, otra carta de amor no numerada de un tiempo en el que Julen no tenía más ocupación que tejer una escalera por donde hacer escapar, esta vez si, a su correspondiente princesa:
Y luego el final...
Cíclicamente me empeño en recordar todas las vueltas que un destino insensible se empeño en obligarme a dar. Cada paso que me alejaba de ti. Incluso tu desaparición.
En el fondo, como todo esto, versa sobre sobrevivir, nos conformamos pensando que seguir respirando tiene algo que ver con el hecho de estar vivos. Pero nosotros sabemos que vivir en otro camino que no es el nuestro es algo menos que estar en coma.
El otro día me comentabas por carta, amor, que como es posible que el estar en contacto conmigo te haga sentir tan viva. ¿qué cómo es posible, me preguntas? Porque estás empezando a soñar tus sueños a través de mis ojos. Porque estás empezando a atreverte a soñar que la felicidad que fue otorgada a otros también tiene sentido en tu cuerpo.
Algún día nos encontraremos. No hoy, ni mañana. Las cosas llevan su tiempo. Iremos vistiendo despacio, sin pausa pero sin prisa, las condiciones de un encuentro, punto comienzo de todo lo que nos queda por vivir. Tendremos que ser valientes, y tendremos que ser fuertes para dejarnos vivir sin miedos y sin la carga anónima de tantos años de sufrimiento. Pero llegará, Lara, llegará un día en el que no sólo mis cartas, sino también mis labios, sean los que te coman a besos.
T(ú) Santiago
El mago Basoalto
martes, 27 de abril de 2010
258 palabras...

...entonces, me senté al borde del camino y miré hacia atrás... caminaba sola, dejando que la poca ropa que aun no había desertado de mi cuerpo decidiera cuando alejarse de mí. Este año había llovido mucho, en otra vida hubiera pensado que hasta demasiado, y la hierba, como la vida misma, se abarrotaba a la baza hirviente de fluir.
La última vez fue con él. Montamos a caballo justo por aquí. O al menos eso le contaba en mis cartas. Al menos eso me contaba en las suyas. Cuando niños debimos cruzarnos mil veces debajo de ese árbol sin coincidir. Cuando todavía no estaban puestos ni las paradas de metros, ni las dunas, ni las botellas precintadas con pez. Entonces no existían aquellos puentes levadizos, caprichosos y mezquinos, que nos dejaron encontrarnos para luego expulsarnos sin remedio ni compasión del paraíso.
Podría rellenar con lágrimas mil veces esta charca. Podría clamar venganza o seguir errante como el fantasma en el que me habré de convertir. Y sé que nada de ello me servirá. Sólo lamento el haber tenido tan poco tiempo para disfrutar de él, para saborear su compañía, para rozarle la mano o hacer el amor con la mirada. Sólo me lamento de que aquel regalo tan sobrecogedor que nos fue dado, se pareciera a aquellas amapolas que tanto le gustaban, condenadas a perecer al poco tiempo de ser cortadas...
Y ahora aquí, armada de valor y de tinta, sin importar que la brisa bronceada me queme la piel, y me salgan ampollas en mis pies descalzos, ahora aquí, volviendo a este lugar que nunca visité con él, acaso como si esperara encontrarlo jugando al escondite saliendo de detrás de ese árbol; y ahora aquí, rota y desalmada, mientras dibujo sonrisas forzadas mientras me desangro, y ahora aquí, revivo en un instante lo grande, lo precioso y sobre todo lo cruel que puede llegar a ser este milagro.
Talika Wiggins
lunes, 16 de noviembre de 2009
Cuando la letra pequeña abulta más que el título...
Todo movimiento, toda interacción, toda aproximación conlleva unas condiciones de uso, unas normas éticas implícitas, una letra pequeña que por el hecho de relacionarnos, y a veces sin ser conscientes de ello, estamos aceptando.
No es por ello que estemos firmando cheques en blanco cada vez que cruzamos palabras o compartimos un helado. No es que estemos incrustándonos en los corazones de los otros sin posible marcha atrás, pero es cierto que esto de vivir tiene mucho que ver con irnos refragándonos con las paredes de los otros, hasta no saber muy bien donde acaba uno y donde empieza los demás...
Esas condiciones no pactadas, esa letra pequeña de la que hablo existe siempre. Muchas veces y con las prisas no somos conscientes y aceptamos peajes que de otra forma seguro que no pagaríamos. El hecho de no ser consciente de la existencia de la letra pequeña primero nos genera sensación de serenidad. Sensación que ya digo es meramente sintomatológica, porque por detrás se mueven hilos que nos hacen llegar la factura, que nos deján impotentes ante los avatares del destino y con una extensa cuenta por pagar...
Por otra parte, para defendernos de las contraprestaciones del precio de vivir, no podemos ir esgrimiendo la letra pequeña como premisa, por muy en legítima defensa que lo hagamos, porque corremos el riesgo de asfixiar la llama de la frescura y con ella la vida...
Seamos sensatos, saltemos, riamos, andemos, abramos, creemos, creamos. Vayamos donde tengamos que ir, y si luego de estar allí no es ese sitio como lo habíamos imaginado, entonces es cuando hay que saber interpretar lo pactado y decir, aquí no quiero estar, me marcho...
Pero si antes impongo, utilizo y recalco mis cinturones de seguridad y mi chaleco salvavidas, si me pongo la tirita antes de que se me caiga la postilla, ¿acaso no estaré abogando por cortar la flor cuando tan sólo es una semilla...?
Pablo Basoalto
No es por ello que estemos firmando cheques en blanco cada vez que cruzamos palabras o compartimos un helado. No es que estemos incrustándonos en los corazones de los otros sin posible marcha atrás, pero es cierto que esto de vivir tiene mucho que ver con irnos refragándonos con las paredes de los otros, hasta no saber muy bien donde acaba uno y donde empieza los demás...
Esas condiciones no pactadas, esa letra pequeña de la que hablo existe siempre. Muchas veces y con las prisas no somos conscientes y aceptamos peajes que de otra forma seguro que no pagaríamos. El hecho de no ser consciente de la existencia de la letra pequeña primero nos genera sensación de serenidad. Sensación que ya digo es meramente sintomatológica, porque por detrás se mueven hilos que nos hacen llegar la factura, que nos deján impotentes ante los avatares del destino y con una extensa cuenta por pagar...
Por otra parte, para defendernos de las contraprestaciones del precio de vivir, no podemos ir esgrimiendo la letra pequeña como premisa, por muy en legítima defensa que lo hagamos, porque corremos el riesgo de asfixiar la llama de la frescura y con ella la vida...
Seamos sensatos, saltemos, riamos, andemos, abramos, creemos, creamos. Vayamos donde tengamos que ir, y si luego de estar allí no es ese sitio como lo habíamos imaginado, entonces es cuando hay que saber interpretar lo pactado y decir, aquí no quiero estar, me marcho...
Pero si antes impongo, utilizo y recalco mis cinturones de seguridad y mi chaleco salvavidas, si me pongo la tirita antes de que se me caiga la postilla, ¿acaso no estaré abogando por cortar la flor cuando tan sólo es una semilla...?
Pablo Basoalto
viernes, 6 de noviembre de 2009
Lo que te conté al oido...
Saltar. Me apetece salir contigo, por ahí, a sacarle risas a las esquinas y a las farolas (las farolas, que personajes) a enfrentarnos, espalda con espalda a todas esas hordas de indecisión e incertidumbre de hojas secas y almenas sin princesas.
Rascar con la punta de tus dedos, guiados por los míos, la propia corteza del alma de las cosas, sentarnos a la sombra de cualquier árbol y mirarnos, o ni tan sólo eso sino solamente besarnos, mientras la alegría de nuestros secretos derramados va iluminando la mañana, mientras las excusas para no compartir nuestras heridas se caen derretidas por nuestras ganas de volar...
Dominar el arte de decorar con arco iris las fachadas. ¿Todavía no te he contado cuantos abrazos son necesarios para plantar una avenida entera con árboles de guiños? Conozco un lugar donde sólo tuve que abrazarte una vez para que todo un jardín centelleara todos los colores, posibles, imposibles y esos otros que están dudosos de existir o no...
Conquistar el mundo de las pequeñas metas y los grandes logros. Ser capaz a tu lado de distinguir lo urgente de lo importante. Recordar que no hay nada más que pasar por la vida dándose cuenta que la conciencia de la grandeza de las cosas diminutas es lo que nos hace brillar. Recordar, si recordar, tengo ganas de recordar a tu lado, tengo ganas de, sin sentirme avasallado sentir que mis lindes pueden llegar más lejos, más profundo, más "padentro" y más alto, todo a la vez.
Correr hasta quedar exhausto, sembrar de carcajadas los umbrales, regalar rosas a los transeúntes, ponernos pañales y no echar ni gota, o llover sobre los folios indescifrables. Y gritar hasta agotar nuestra dudosa credibilidad, y cantar y bailar y hacer yoga...
Y Saltar... Me muero de ganas de darte la mano e ir por la calles simplemente riendo y saltando...
Pablo "el mago" Basoalto
Rascar con la punta de tus dedos, guiados por los míos, la propia corteza del alma de las cosas, sentarnos a la sombra de cualquier árbol y mirarnos, o ni tan sólo eso sino solamente besarnos, mientras la alegría de nuestros secretos derramados va iluminando la mañana, mientras las excusas para no compartir nuestras heridas se caen derretidas por nuestras ganas de volar...
Dominar el arte de decorar con arco iris las fachadas. ¿Todavía no te he contado cuantos abrazos son necesarios para plantar una avenida entera con árboles de guiños? Conozco un lugar donde sólo tuve que abrazarte una vez para que todo un jardín centelleara todos los colores, posibles, imposibles y esos otros que están dudosos de existir o no...
Conquistar el mundo de las pequeñas metas y los grandes logros. Ser capaz a tu lado de distinguir lo urgente de lo importante. Recordar que no hay nada más que pasar por la vida dándose cuenta que la conciencia de la grandeza de las cosas diminutas es lo que nos hace brillar. Recordar, si recordar, tengo ganas de recordar a tu lado, tengo ganas de, sin sentirme avasallado sentir que mis lindes pueden llegar más lejos, más profundo, más "padentro" y más alto, todo a la vez.
Correr hasta quedar exhausto, sembrar de carcajadas los umbrales, regalar rosas a los transeúntes, ponernos pañales y no echar ni gota, o llover sobre los folios indescifrables. Y gritar hasta agotar nuestra dudosa credibilidad, y cantar y bailar y hacer yoga...
Y Saltar... Me muero de ganas de darte la mano e ir por la calles simplemente riendo y saltando...
Pablo "el mago" Basoalto
sábado, 31 de octubre de 2009
Sintigo
Porque de ti volví a aprender el nombre de las cosas.
Porque de ti volví a aprender lo necesario.
Pan, casa, destino, camino,
de ti volví a aprender.
Del bosque de tu alegría,
de manos de tu sereno misterio.
Manolo García...
Sintigo.
Sin tu calor, tu incertidumbre, tus coartadas,
sin tus caricias, sin tus miradas
sin tu frío...
Sin tus palabras inyectadas en renuncios,
Sin tu epidermis, sin tus cizallas,
sin tus subterfugios
que hacen que mis besos resbalen sobre tu espalda...
Sin tu camino, sin tus pinceles, sin tus libros,
sin la risa en la copa de los sombreros,
sin tus pupilas imposibles, sin tu alma,
sin tus trucos para hacer desaparecer el dinero,
sin tu calma...
Y quedaba mucho por hacer,
blanquear las paredes, cambiar los fusibles,
deshacer la cama,
Y quedaba tanto por hacer,
combatir el tedio, abrillantar las galletas con jengibre,
inventarnos un mañana
donde los dos pudiéramos caber...
sin tus contradicciones,
sin tus maestros, sin tus alumnos, sin tus lecciones...
sin tus mares, tus pantanos, sin tus ríos...
Sin tu calor, tu incertidumbre, tus coartadas,
sin tus caricias, sin tus miradas
sin tu frío...
Sintigo
Neftalí
Porque de ti volví a aprender lo necesario.
Pan, casa, destino, camino,
de ti volví a aprender.
Del bosque de tu alegría,
de manos de tu sereno misterio.
Manolo García...
Sintigo. Sin tu calor, tu incertidumbre, tus coartadas,
sin tus caricias, sin tus miradas
sin tu frío...
Sin tus palabras inyectadas en renuncios,
Sin tu epidermis, sin tus cizallas,
sin tus subterfugios
que hacen que mis besos resbalen sobre tu espalda...
Sin tu camino, sin tus pinceles, sin tus libros,
sin la risa en la copa de los sombreros,
sin tus pupilas imposibles, sin tu alma,
sin tus trucos para hacer desaparecer el dinero,
sin tu calma...
Y quedaba mucho por hacer,
blanquear las paredes, cambiar los fusibles,
deshacer la cama,
Y quedaba tanto por hacer,
combatir el tedio, abrillantar las galletas con jengibre,
inventarnos un mañana
donde los dos pudiéramos caber...
sin tus contradicciones,
sin tus maestros, sin tus alumnos, sin tus lecciones...
sin tus mares, tus pantanos, sin tus ríos...
Sin tu calor, tu incertidumbre, tus coartadas,
sin tus caricias, sin tus miradas
sin tu frío...
Sintigo
Neftalí
jueves, 29 de octubre de 2009
Contigo
Aguardé lo suficiente para que hicieras un huequecito en el banco de tu plaza. Me senté a tu lado y te esperé.
En una de éstas dejaste una ventana entreabierta y pude contrastar tu fachada con tu verdad. No te voy a contar lo que vieron mis ojos porque hay secretos que nunca deben dejar de serlo, pero si te diré que en ese instante te vi liberada de ropa y de cuerpo, de fuego y de huesos, desnuda tal como eres...
Elijo la historia, el rincón, la forma. Decido que mis palabras no taladren el núcleo infranqueable que te conforma. Intento no sobrepasar las lindes para no ser expulsado del sueño de rozar tus labios con los míos. Intento ser un alma libre nadando a cinco metros de tu lado... Intento no sentirme atraído hacia tu núcleo ferromagnético (!quién dijo que eras un gas noble, que me lo como!), intento asirme a la cordura, pero no lo consigo...
Y es que no intento nada malo, sólo mirarte a los ojos, sólo cogerte la mano, sólo mostrarte el universo que tengo guardado debajo del mantel. Y quiero enseñarte tanto que me apresuro y tropiezo, y te riego de prisas y de alegrías, y te atropello con razones que de una en una pueden formar un manjar y que de mil en mil no pueden ser digeridas...
Y es que todavía las palabras se están formando en mi conciencia, es que aun necesito un rato de impaciencia para acostumbrarme a tu incierta serenidad...
torra
martes, 22 de septiembre de 2009
...silencio
Silencio de calcetines rotos que no podré zurcir, ¿de qué valdría ahora si aquellos agujeros dejaron que se te escapara el alma?
Silencio de brechas en la piel y soleadas campiñas regadas de quietud...
Silencio de voces acalladas en la infinitud de tu ausencia...
El desencuentro dura todas las eternidades que haga falta. Tu mano en mi corazón, como alguna vez robaba mi espalda, se acaba disolviendo en el azul del mar, un mar oscilante que se queda colgado del cielo. Ya no recuerdo tu voz, ya no recuerdo ni siquiera como sonaba incluso antes de conocerla, cuando simplemente jugábamos a mirarnos desde el otro lado del andén...
En algún momento se rompió el reloj y nos expulsaron del juego. Ahora me miro a mi misma, despojada de coherencia, deambulando como una loca por los pasillos de la residencia, donde intentan prevenir con drogas que me arranque lo que me queda de esta vida...
Pero no pueden impedirlo, Julien, no pueden amaestrarme ni detenerme, no pueden contener la sangre en mis arterias, ni en mis venas, ni en el más pequeño de mis capilares, porque mi vida se diluyó y se coló por un desagüe cuando te fuiste...
Después de ti, sólo quedó el silencio, y tal vez, la sensación insobornable, de que alguna vez me quisiste, y que alguna vez te quise...
y quizás, sólo quizás, de debajo de la almohada, junto a tus fotos y tus cartas, encuentro aquella amapola seca que me regalaste, y me aferro a ella como si fuera la única evidencia de que todo esto no ha sido un sueño...
y quizás, sólo quizás, sólo por eso, pueda soportar toda la ausencia y todo el dolor que desgrana sobre mis frágiles hombros, esta tortura con ropaje de supervivencia...
Talika
Silencio de brechas en la piel y soleadas campiñas regadas de quietud...
Silencio de voces acalladas en la infinitud de tu ausencia...
El desencuentro dura todas las eternidades que haga falta. Tu mano en mi corazón, como alguna vez robaba mi espalda, se acaba disolviendo en el azul del mar, un mar oscilante que se queda colgado del cielo. Ya no recuerdo tu voz, ya no recuerdo ni siquiera como sonaba incluso antes de conocerla, cuando simplemente jugábamos a mirarnos desde el otro lado del andén...
En algún momento se rompió el reloj y nos expulsaron del juego. Ahora me miro a mi misma, despojada de coherencia, deambulando como una loca por los pasillos de la residencia, donde intentan prevenir con drogas que me arranque lo que me queda de esta vida...
Pero no pueden impedirlo, Julien, no pueden amaestrarme ni detenerme, no pueden contener la sangre en mis arterias, ni en mis venas, ni en el más pequeño de mis capilares, porque mi vida se diluyó y se coló por un desagüe cuando te fuiste...
Después de ti, sólo quedó el silencio, y tal vez, la sensación insobornable, de que alguna vez me quisiste, y que alguna vez te quise...
y quizás, sólo quizás, de debajo de la almohada, junto a tus fotos y tus cartas, encuentro aquella amapola seca que me regalaste, y me aferro a ella como si fuera la única evidencia de que todo esto no ha sido un sueño...
y quizás, sólo quizás, sólo por eso, pueda soportar toda la ausencia y todo el dolor que desgrana sobre mis frágiles hombros, esta tortura con ropaje de supervivencia...
Talika
viernes, 21 de agosto de 2009
Réplica
Lo que más me asusta, al leer tus cartas, es que por momentos no sé si eres tú o soy yo quien las escribe. Me siento tan identificada con tu fondo y con tus formas que a cada línea se me abarrotan las lágrimas en los ojos.
¿Cómo puede ser posible que con el cruce de miradas entre parada y parada de metro nuestras almas se dieran cuenta de que estaban delante de la otra parte?
Desde la primera vez que te vi sentí algo extraño, nuevo, poderoso, arrollador. No quería tirar las campanas al vuelo, pero cada gesto, la forma en la que esperabas, como ibas tímidamente comiéndote el terreno, repitiendo viajes que, no sé donde trabajabas, pero resultaban excesivos, la forma en la que me mirabas como diciendo quiero volver contigo. Porque nunca pensaste, lo sé, igual que yo misma nunca pensé, en conocernos porque nos conocíamos desde hace siglos, siempre tuvimos en mente, el volver de nuevo al hogar, ese que sólo existe estando el uno junto al otro.
Te busqué hasta volverme loca, hasta te envié una despedida dejándote todas mis puertas abiertas. Y como no sabía donde encontrarte te la mandé al mar. Siempre guardé un hilito de esperanza, no sé con que coartada, ni se con que pretexto, por fin aparecieras.
Y de repente plam!, una carta hecha con materia reciclada, exhibiendo sin pudor tu dirección en el remite. Y de repente tú, diciéndome que a través del tiempo, también me esperas, también me sueñas, también me necesitas…
(...)
Talika
¿Cómo puede ser posible que con el cruce de miradas entre parada y parada de metro nuestras almas se dieran cuenta de que estaban delante de la otra parte?
Desde la primera vez que te vi sentí algo extraño, nuevo, poderoso, arrollador. No quería tirar las campanas al vuelo, pero cada gesto, la forma en la que esperabas, como ibas tímidamente comiéndote el terreno, repitiendo viajes que, no sé donde trabajabas, pero resultaban excesivos, la forma en la que me mirabas como diciendo quiero volver contigo. Porque nunca pensaste, lo sé, igual que yo misma nunca pensé, en conocernos porque nos conocíamos desde hace siglos, siempre tuvimos en mente, el volver de nuevo al hogar, ese que sólo existe estando el uno junto al otro.
Te busqué hasta volverme loca, hasta te envié una despedida dejándote todas mis puertas abiertas. Y como no sabía donde encontrarte te la mandé al mar. Siempre guardé un hilito de esperanza, no sé con que coartada, ni se con que pretexto, por fin aparecieras.
Y de repente plam!, una carta hecha con materia reciclada, exhibiendo sin pudor tu dirección en el remite. Y de repente tú, diciéndome que a través del tiempo, también me esperas, también me sueñas, también me necesitas…
(...)
Talika
lunes, 17 de agosto de 2009
Ya llego...
Mándame en un sobre, tu sonrisa rota, yo te la compongo, que soy zapatero remendón...
M. García...
No hacía otra cosa que esperarte. Tú andabas a pedacitos por la otra acera. Yo te hacía señas sin que llegaras a verme. Hasta que la calle y la tarde se acabaron y nuestros abrazos se sumergieron en un amago de olvido...
Durante siglos te esperé, sin esperarte, bebiendo de las fuentes de otras diosas inclementes y ladrando a los terratenientes, navegando de mar en mar, y llorando a las mujeres que nos besan y se van...
Durante siglos vagué llevándote prendida como una tallito de bambú inmune al tiempo y a las corrientes de aire...
Y cuando menos lo esperaba, cuando menos te buscaba, me encontraste o te encontré.
Ahora ya no caben simulacros, ni excusas, ni coartadas. Ahora ha llegado la hora en la que las espadas formarán un puente levadizo sobre el que correr a reencontrarnos. ¿Qué no te quedan sonrisas? Mándame lo que te quede en un sobre que ya te la arreglaré yo como pueda. ¿Qué no te queda alegría? Ya te mando un brotecito de la mía, previamente tratada para que arraigue en tu alma, ¿Qué no te queda esperanza? Hemos vivido toda nuestras vidas soñando con el día en el que nos habríamos de encontrar, ¿vas a tirar la toalla tan cerca del final?
Que no hay nada más, mientras nuestros labios se quieran besar...
Durante siglos vagué pensando que te había perdido para siempre. Pero para siempre es demasiado tiempo, hasta para mí. Ahora que he cumplido mi condena, ahora que por fin te encuentro, voy a convertir lo que nos queda de vida en nuestra particular revancha a besos, a alegría y a fiesta...
Julien
M. García...
No hacía otra cosa que esperarte. Tú andabas a pedacitos por la otra acera. Yo te hacía señas sin que llegaras a verme. Hasta que la calle y la tarde se acabaron y nuestros abrazos se sumergieron en un amago de olvido...
Durante siglos te esperé, sin esperarte, bebiendo de las fuentes de otras diosas inclementes y ladrando a los terratenientes, navegando de mar en mar, y llorando a las mujeres que nos besan y se van...
Durante siglos vagué llevándote prendida como una tallito de bambú inmune al tiempo y a las corrientes de aire...
Y cuando menos lo esperaba, cuando menos te buscaba, me encontraste o te encontré.
Ahora ya no caben simulacros, ni excusas, ni coartadas. Ahora ha llegado la hora en la que las espadas formarán un puente levadizo sobre el que correr a reencontrarnos. ¿Qué no te quedan sonrisas? Mándame lo que te quede en un sobre que ya te la arreglaré yo como pueda. ¿Qué no te queda alegría? Ya te mando un brotecito de la mía, previamente tratada para que arraigue en tu alma, ¿Qué no te queda esperanza? Hemos vivido toda nuestras vidas soñando con el día en el que nos habríamos de encontrar, ¿vas a tirar la toalla tan cerca del final?
Que no hay nada más, mientras nuestros labios se quieran besar...
Durante siglos vagué pensando que te había perdido para siempre. Pero para siempre es demasiado tiempo, hasta para mí. Ahora que he cumplido mi condena, ahora que por fin te encuentro, voy a convertir lo que nos queda de vida en nuestra particular revancha a besos, a alegría y a fiesta...
Julien
domingo, 7 de junio de 2009
jueves, 15 de enero de 2009
E de pistola
Como si fuera hoy. Ser como el árbol talado que retoña o ser ave Fenix. En el fondo, ¿no es lo mismo?¿En el fondo no lo entiende así mi alma guadianera?Hace tanto desde ayer que casi parece que hace siglos desde que no hablamos. Acaso las cartas verdes que me mandabas o acaso las mías arrugadas o deformes, siempre sin principio y sin fin, como yo mismo, dejaron de atravesar el desierto de las carreteras de allá pacá y viceversa.
Y de pronto una noche fría, muy fría, recuerdas la cita escrita en la carpeta del instituto, y te pones a pensar de lo caprichoso que es el destino. Nosotros estábamos destinados a ser muy buenos amigos pero el poco tiempo que tuvimos para ello estuvimos explotando otras facetas de la naturaleza. Tú haciéndote fotos en brazos de gigantescos monos, yo lanzando mi pavera contra los cristales...
Tiempos raros y dichosos, no obstante, de sonrisas y preocupaciones inalcanzables...
Curioso fue no obstante que aquel instante fugaz y casi pionero, aquella conversación a medias, por aquel entonces donde la incontinencia de nuestra juventud nos daba alas, quedara relegado en la práctica a cruzar y casi ni eso con hellos y goodbyes, que diría la canción. Más curioso aún, que después las cartas cruzadas por ese espiritu vivo que habita las casualidades fueran avivando la llama de una amistad sincera y consentida. Llegamos a ser por carta los amigos que nunca fuimos. Épocas aquellas en las que las distancias separaban ciudades y hasta voluntades, y el tiempo, desoyendo a la cordura iba erosionando la memoria a granitos minúsculos de dulzura...
Llegué a verte una vez, a destiempo y a contrapie. Quería decirte que eras más amiga de lo que realmente llegamos a ser, que te comprendía y que para lo que necesitaras podías contar conmigo... Pero no lo hice. Tus ojos me miraban y me decían amigo, pero tus labios también permanecieron mudos...
Desde aquel encuentro casi avergonzados por el hecho de que algo tan simple como la muestra de afecto fluyera congelada en aquel encuentro, o por la simple casualidad de la tristeza que a ratos planea sobre nuestras azoteas, desaparecimos...
Árbol talado que retoña tú, Guadiana yo, nuestros intervalos de desaparición se fueron acoplando hasta que de repente una mañana, la menos esperada, ploff, nos disolvimos en el espacio tiempo...
Si la amistad dependiera de cosas como el espacio y el tiempo, que diría Bach, al superar el espacio y el tiempo habríamos superado nuestra propia hermandad... Que paradoja!
Así que lo que hago es que me guardo siempre una gota de la esencia de cada alma afín, en tu caso, un brotecito, que conservo en una cámara a salvo del tiempo y del olvido... Luego a contraviento me construyo un universo paralelo donde crezcan estrellas, o quien sabe, lo mismo te llamo por teléfono o te escribo otra carta y la mando al mar, en vez de agua, de bits y olas...
o te recuerdo un instante y me sonrío, o concluyo que pese a todo y sobre todo estaría tan bien tomarse un café tranquilamente contigo...
Torra
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