miércoles, 11 de julio de 2007

Naranja naranjita naranjijui


Redonda pelota bonachona, como un bate de béisbol que cruza la espalda acariciando las ganas de matar a alguien tras las paredes cuartadas de solato y zumo.
Esférica deidad de vitamina C, que como el lenguaje de programación te aferras a tus condiciones, rutinas y procedimientos, prócer al que miento para seguir comiéndote mientras te lloro como el relojero a las ostras. Y como aquellas mañanas de infancia en las que trepas al árbol para recolectar las más exquisitas hojas gusanosederas, tu sabor me inunda de recuerdos.

Cantimplora naranja, destino naranja, piel de melocotón, poemas agridulces, pomelos de un tiempo pasado que con el paso del mismo pierde su amargor, hermanos cítricos, limones y limas con mojito que se arriman prestas a la lucha contra la presta que ya no quiere llamarse hierba buena porque fue mala, aunque a estas horas no se puedan confesar los delitos que acudieron a su encuentro, papeleras naranjas para papeles azules, pies de naranja y estuche de altramuces, pistas naranjas para anaranjar las pesquisas, rutas naranjas que se deslizan como siempre a la conclusión final de que no es más naranja quién lo es sino quién lo siente.

Dedicado a todos esos melones que tienen alma de naranja.

Mariano José de Larra

2 comentarios:

Lumen Dei dijo...

Me has dado hambre y sed con esta entrada, y no olvidemos que un melón, a no muy elevada temperatura, y prácticándole la oportuna cavidad al uso, puede darnos amparo y cobijo como cariñoso y comprensivo parteneire de juegos sexuales, y sin los molestos cacareos y/o balidos de las indiscretas gallinas u ovejas.

neftalí dijo...

Como veo Fer, te van los amores frutales (que no frugales, o sí...). Lo digo por Koke, Albari Koke.
Þ