martes, 29 de julio de 2008

Cuando el árbol no te deja ver el bosque...

Debemos estar siempre alerta y no distraernos, al menos, no demasiado, porque en una de estas pasará nuestro tren o nuestra cabalgata y no vamos a estar lo suficientemente ágiles como para subirnos de un salto en ellos...

La ardiente paciencia hay que regarla con frecuencia, sobre todo en los días de verano cuando los deslices al sol se convierten en harapos...

Porque nos gusta embarcarnos en torres de babel pero sólo aprendemos el camino ascendente. Luego olvidamos (o nos cuesta recordar, que no es lo mismo, pero es igual) que el polvo y el barro de abajo es el alimento y el apoyo, el punto de partida, el de encuentro, el de inflexión, el seguido que nos abre la puerta a la frase prohibida que nunca nos atrevimos a atravesar...

Porque hacerse partícipe, integrante o estandarte de lo grande no debe valer de excusa ni justificación para relegar al despido a lo esencial y prevalente. Porque si nos olvidamos de la tierra nuestras raíces se acaban secando y la sed se extenderá a nuestras vidas y a nuestro legado...

Puede que Dédalo me embauque en sus desafíos, puede que los dioses me distraigan con cantos de sirenas, pero siempre avivando la llama de la ardiente lograré seguir el hilo que tejido y destejido consiga cada tarde devolverme vivo al exterior de mi surrealista laberinto...
Porque soy ave fenix y cada golpe de mar o viento me devuelve sonrisas suficientes como para descubrir con sorpresa cada día, las verdades de siempre,
y entonces voilá como un espejismo o un milagro, entre los árboles aparece el bosque...

Neftalí

1 comentario:

Yo soy el que soy dijo...

¡Guau! Hacía tiempo que callabas, y te ha venido bien: ¡esta entrada te ha quedado preciosa!

A ver si quedamos. Es que estoy un poco liado últimemente...