martes, 27 de noviembre de 2007

Siete de Bastos (I)

Atrás la gente lloraba
borraban trozos de piedra mentira
con la que dilapidar las iras
y las nostalgias.

Llovía y a ratos soleaba,
como en un cuento melancólico sin tiempo,
acordes ni razón,
y como siempre anochecía
y como de nuevo ya nadie contaba
con llegar a casa,
y lo que es más
como a nadie ya le importaba,
empecé a temblar dudando
si la muerte basta o no basta
para derramar la vida.

Atrás la gente lloraba,
lanzaban trozos de piedra mentira
dilapidando sin mesura sus salidas,
sus ventanas, sus pecados, sus coartadas.

Yo me agazapé un instante
intentando amor no amarte.
La noche crujía y sólo huían los cobardes.
Querías volver a casa,
querías volver, pero era tal vez demasiado pronto,
pero ya era quizá demasiado tarde.

Y allí tirada en el suelo con el pelo rojo
ardiendo sangre,
con la mirada fundida en el asfalto
los nudillos remando hacia el olvido
mis uñas no lograban despertarte.

Atrás la gente miraba, buscaban retablos de hipocresía
para lavarse la cara como quien construye balsas
y se escapa sin consejo a la deriva.

1 comentario:

Pernelle dijo...

¿Es tuyo? Menuda descripción de la mentira, "piedra mentira". Es cierto, cada mentira que se lanza al aire es como una piedra que cae en el agua y cada onda que surge marca el efecto en el entorno donde esa mentira ha hecho mella. Y la evasión de la realidad, uf... Y la muerte, tanto puede tomarse como física o como espiritual.

Saludos cordiales.