miércoles, 22 de agosto de 2007

Aquí hay gato encerrado

Cuando era pequeño, usaría unos cuatro o cinco años, mi madre cometió el tremendo error de dejarme solo en casa al menos una vez. Dicho fallo condujo a una situación ridícula pues cuando volvió al lar, el maullar entrecortado de un felino invitó a la santa de mi progenitora a mirar en la nevera... Y allí estaba él, un pobre gatillo que por aquel entonces gastábamos, el cual ajeno a la maldad humana se había dejado conducir, que ignorante, al interior del frigorífico...
Me consta que, y aunque dos o tres vidas le costó, y alguna hora más de sol, se recuperó...

De esto yo no conservo recuerdos, pero es el tipo de anécdota que te cuentan en casa y acabas montándote en tu cerebro la película o el cómic tipo fotonovela de como debió ser. Y es aquí lo más cachondo porque el maravilloso mundo de Internet es capaz de construir para ti lo que nunca fue, lo que soñaste. Os aseguro que en mi mente la instantánea de aquel suceso es tal cual la de arriba, y os aseguro que cuando he visto esta foto con el gato ahí to acojonao por poco me desarmo de la risa...

Ya, ya, supongo que a los gatos no le harán ni chispa de gracia, pero bueno, ya se reirán ellos de nosotros cualquier otro día.

Torra

(por cierto incluyo este post en poemas por la cara del gato)

1 comentario:

Lumen Dei dijo...

Bué, dentro de una nevera hay una temperatura de unos cinco grados, creo, y hay gatos que viven en la calle a temperaturas más bajas que esa... y sin comida sana y abundante cerca XDDD