viernes, 3 de agosto de 2007

motocicletas, vacaciones, otoño

Una vez me hicieron un regalo. Y me pidieron que no perdiera de vista ni un instante el valor incalculable de susodicho. También me pidieron por favor que fuera consciente del regalo. Es de mala educación, también fui dicho, poner mala cara cuando el aspecto primero del presente no corresponde a nuestras expectativas.

Una vez me hicieron un regalo. Me pidieron que lo cuidara y lo mimara, que lo tomara como algo único en el universo conocido, algo que a mí, menuda suerte la mía, me había sido concedido por la gracia de los ancianos del consejo. Me dijeron que siempre tuviera en cuenta la inmensidad de ese increíble regalo.

Me pidieron también que lo condurara y que lo usara, que no lo fuera derramando por las esquinas, ni por contra lo guardara en una urna herméticamente fría. Gástalo con generosidad y alegría. Me dijeron, mira a tu regalo a los ojos al menos una vez al día y cuando te mire dedícale tu más amplia sonrisa.

Una vez al fin, me hicieron un regalo. Me dijeron que era mi regalo, que no protestara si lo ensuciaba o si lo desgarraba, y sobre todo me dijeron que no abusara de la suerte infinita de aquellas personas a las que se le concedía, que no fuera llorando pidiendo otro si en una excursión o en una piscina, me desaparecía:
"Eres responsable de tu regalo para bien o para mal. Y cuando algún día lo pierdas o lo derrames, no te sientas demasiado triste por el tiempo que quedó delante sin tu obsequio, al contrario -me dijeron- siéntete orgulloso porque fuiste digno de ser el portador durante un lapso de un gran regalo..."


Una vez me hicieron un regalo; luego lo llamaron "VIDA"

Neftalí.

1 comentario:

Hari Seldon dijo...

A veces me pregunto si es un regalo o una carga...

Pero bueno, muy posiblemente la alternativa a no recibirlo hubiera sido aún peor ;)